Sin posibilidades de trabajar, las trabajadoras domésticas y los jornaleros luchan por sobrevivir a las consecuencias económicas de la pandemia de COVID-19.

By Martin do Nascimento

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María L. va a la iglesia todos los días para rezar por la salud de su familia, por sus vecinos y por volver al trabajo.

María, una trabajadora del hogar que vive en Redwood City, California, corre un alto riesgo de contraer una enfermedad grave por la COVID-19 debido a su edad, pero necesita trabajar para pagar el alquiler y poner comida en la mesa de su familia.

A pocos kilómetros de distancia, Carlos T. sigue yendo a la esquina habitual todos los días, donde espera junto a un grupo de compañeros jornaleros con la esperanza de ser elegido para un día de trabajo, pero temiendo el riesgo que corre en el proceso.

“Sin duda alguna, nos estamos arriesgando [al buscar trabajo] y todos somos conscientes de ello”, afirma Carlos sobre las terribles circunstancias como resultado de los meses sin trabajo. “Al mismo tiempo, sabemos que es un riesgo que tenemos que tomar. No sé si estamos desesperados o si somos valientes, pero estamos todos ahí fuera buscando.”

Con la pandemia de la COVID-19 afectando significativamente a la economía de los EE.UU., los latinos han liderado la nación en cuanto a sus tasas de infección desproporcionadamente elevadas y su sobrerrepresentación en el desempleo generalizado que ha provocado.

Y, aunque el golpe para muchos estadounidenses que han perdido sus empleos se ha suavizado gracias a las ayudas por desempleo o a los cheques de estímulo del gobierno, en muchos casos, el estatus legal de los trabajadores latinos hace que no sean elegibles para dichos programas y les ha dejado, en gran medida, abandonados.

Trabajadores en dos tipos de empleos han sido particularmente vulnerables ante los efectos económicos producidos por la pandemia: jornaleros y trabajadoras del hogar.

“Los empleadores no les están contratando y les está entrando el pánico a los jornaleros,” afirma Fray Rigoberto Calocarivas, que dirige el Multicultural Institute, que apoya a las comunidades de inmigrantes en el área de la bahía de San Francisco. 

“No es solo vivir con el miedo de no tener un trabajo o estar preocupado por ser desahuciado, sino también la preocupación de “si doy positivo, ¿ahora voy a perjudicar también a mi comunidad y a mi familia?”.

Como la mayoría de las áreas de trabajo, el Multicultural Institute se vio obligado a realizar la transición al teletrabajo en marzo. Viendo el aumento de las necesidades de la comunidad inmigrante latina, la organización aprovechó sus espacios vaciados recientemente para convertirlos en comedores de beneficencia improvisados donde cientos de familias ahora hacen cola todos los jueves por la mañana para conseguir una caja de alimentos.

Al mismo tiempo, pasaron de proporcionar formación de habilidades y emplazamiento laboral a la gestión improvisada de casos, dirigiendo a los cientos de familias que ayudan a los recursos médicos y de otro tipo que necesitan para subsistir.

Aun así, Calocarivas afirma que los esfuerzos del Multicultural Institute son apenas una gota de agua en comparación con las necesidades de los jornaleros y las trabajadoras del hogar del área de la bahía que, según él, han pasado desapercibidas en su gran mayoría. “Pienso en un jornalero como alguien que está ahí fuera en la esquina, bastante visible; no obstante, para todos estos asuntos, son muy invisibles”.

Las siguientes conversaciones con jornaleros y trabajadoras del hogar en el área de la bahía se han editado para tener la mayor brevedad y claridad. Los apellidos se han eliminado para proteger la identidad de las personas. 

Edelmira V.

Edelmira se descansa en el Parque Andrew Spinas en Redwood City, California, por donde ella y sus hijos a salen a caminar y tomar aire fresco.

“Durante los últimos 15 años, estuve trabajando en la misma casa todos los días y a mi me encantó.

La dueña fue buena conmigo. Era casi como si yo fuera una de sus hijas, pero ella me hizo dejar de venir en marzo debido al virus y luego se enfermó y murió el día 2 de abril. Durante años, la había cuidado, por lo que me dolía el alma no poder estar allí mientras estaba enferma.

Mi rutina era llegar a las nueve de la mañana y partir a las dos de la tarde. No puedo trabajar más de cinco horas porque tengo que cuidar a mis hijos. Tengo tres hijas de 17, 14 y nueve años, y mi hijo tiene cuatro años.

No me ha estresado quedarme en casa con mis hijos durante estos últimos meses. Hacemos actividades juntos, y más chiquito, trato de enseñarle actividades para prepararlo para cuando vaya al preescolar, o al mas probable al kindergarten.

Salimos a caminar todos los días por la tarde en el campus de Stanford para tomar un poco de aire fresco.

Para mí, no ha sido estresante. En realidad, lo contrario. Aprendemos cosas nuevas y mejoramos nuestra relaciones entre nosotros. Intento planificar nuevas actividades que podemos hacer juntos y hablamos de los problemas que tenemos o de las cosas que nos gustan. He estado aprendiendo a ser madre y amiga.

Desde que descubrí que falleció mi jefa, he estado buscando trabajo, pero la pandemia me ha impedido encontrar lo que sea. He entregado aplicaciones en varias tiendas, pero todos los lugares son bien lentos en responder.

La verdad es que las cosas han sido difíciles. He tenido que buscar diferentes tipos de ayuda. Llega un momento en el que uno siente que la presión está acumulándose, pero uno no lo puede poner atención porque eso solo le causara más estrés y depresión, y prevendrá que haha nada.

Una organización me ayudó a pagar la renta del mes pasado, y hay diferentes lugares que le ayudan con la comida. Si no fuera por estas cosas, podríamos estar en la calle. Una madre soltera con cuatro hijos …

También he tratado de reducir nuestros gastos al mínimo posible: internet, electricidad, agua. Es todo.

Acabo de aplicar a trabajar en Target para ver si me dan unas horas de trabajo porque voy a necesitar pagar la renta del mes que viene.

Si me aprueban a trabajar, lo tomaré. No hay muchas opciones, así que tomaré lo que pueda conseguir.

Intenté trabajar también en Kohl’s, la tienda de ropa, pero me dijeron que no tenían ningún trabajo en ese momento y que están trabajando con un personal reducido tal como está.

Nunca antes he trabajado en una tienda, pero ahora que ya no tengo a mi jefa, tengo que encontrar otra solución. Es como si me perdí mi brazo derecho, pero espero que todo salga bien.”

Carlos T.

Carlos se para en frente a su apartamento en Redwood City, California. Él y sus compañeros de cuarto han agregado dos inquilinos adicionales (seis en total) a su unidad de dos dormitorios para poder pagar el alquiler.

“Para nosotros los jornaleros, nuestro trabajo generalmente varía según la época del año. En el verano hay una buena cantidad de trabajo, pero en otoño e invierno realmente se baja el trabajo.

El invierno de este año había sido lento y las cosas ya habían sido algo difíciles porque ya no habían muchos trabajos. Hubo mucha lluvia este año y la construcción y la jardinería era baja también cuando entró la pandemia y realmente nos tomó por sorpresa.

Siempre ahorro un poco de dinero para los meses en que las cosas se ponen lentas, pero no hubo tiempo suficiente para comenzar a ahorrar nuevamente antes de que entró la pandemia. A esta altura, ya hacen meses que no hemos podido trabajar y las cosas solo han quedado más difíciles. No tengo para pagar la renta, y mis compañeros de cuarto están en lo mismo. Así que no arriesgamos nuestras vidas saliendo a buscar trabajo.

Aunque sabemos que la gente no nos está contratando, seguimos buscando trabajo. Nos quedamos esperando la más mínima oportunidad. A veces conseguimos un trabajito, pero es solo por unas pocas horas. Y la mayoría de las veces, solo son los trabajos más pesados o más sucios que nos tocan.

Sin duda, nos estamos arriesgando [al buscar trabajo] y todos somos conscientes de ello.Al mismo tiempo, sabemos que es un riesgo que tenemos que tomar. No sé si estamos desesperados o si somos valientes, pero estamos todos ahí fuera buscando.

Una cosa que mis compañeros de cuarto y yo hemos hecho es que agregamos más dos personas, así que ahora somos seis personas compartiendo las dos habitaciones.

No es fácil vivir así tan encerrados con tanta gente, o tolerar a otros y que te toleren a ti. No es fácil, pero lo estamos logrando. Estamos bien por ahora.

El único problema es que, dado que todos estamos buscando trabajo, sabemos que cuando volvamos a casa también podríamos infectarnos o infectarlos a los compañeros.

También tuve que hablar con mi familia en Honduras. Ya tuve que reducir mis envíos a mi madre y a mis hijas. Entienden la situación, y allí también están viendo muchos problemas.

Yo siempre he querido que mis hijas estudien y se conviertan en alguien en la vida. Siempre las dije: A ti te toca soñar. Yo me encargo del resto…'”

Rebeca S.

Rebeca a menudo va al puerto deportivo en Berkeley, California, para caminar y escapar del estrés que le ha provocado no poder ganarse la vida.

“En cuanto al trabajo, limpio casas, y el impacto en las personas que limpian casas ha sido muy grande porque la gente teme que vayamos a sus casas.

Hay una persona que todavía me permite limpiar su casa, pero tengo que quitarme los zapatos y ponerme una mascarilla y usar guantes y me preocupa porque me puedo lastimar el pie caminando sin mis zapatos puestos.

Tengo suerte de tener a esta persona porque necesito trabajar. Realmente no tengo otra opción. Otra persona me está dejando trabajar organizando su jardín. Ellos también me dijeron que trajera mis propios guantes y mascarilla. Lo que pasa es que no paga mucho.

Tengo necesidad. Tengo necesidad de más trabajo si voy a poder pagar la renta. No tengo más dinero, así que es un poco difícil, así que trato de encontrar formas de no estresarme tanto.

A mi no me gusta pasar el día asistiendo a la televisión, especialmente porque siempre pasan noticias del virus. Escucho música o estudio en línea para mantener ocupada a mi mente y no enfocarme tanto en las noticias.

A veces me pregunto cuánto tiempo voy a estar sin trabajo. No es que quedarse en casa no sea trabajo: soy madre soltera, así que no tengo a nadie más que me ayude con mis hijos. Soy la madre y el padre de nuestra familia, y eso es muy estresante. Dos de mis hijos viven conmigo y mi hija mayor vive sola.

Me estoy colgando de un hilo, de verdad. La persona cuya casa hago la limpieza y la otra en cuyo jardín trabajo, eso es solo una vez cada dos semanas. Tengo que seguir haciéndolo porque lo necesito, pero no paga mucho, así que me pregunto: ‘¿Qué puedo hacer? ¿Debo de salir a pedir?’

Honestamente no lo sé.

Pensé en vender tamales en la calle, pero hay mucho virus por ahí.

Puedo hacer tamales. Sé vender. Puedo hacer tacos y chiles rellenos y pozole pero no he intentado hacerlo porque no tengo la licencia y no quiero meterme en problemas con la ciudad. Hay personas que lo hacen, pero yo soy madre y siempre he tratado de hacer lo mejor para mis hijos. Me da miedo.

En este momento, afortunadamente, llamaron a mi hija para ir a trabajar a Home Depot. Ella me está ayudando. Nunca quise pedir dinero, y todo lo que ella me da va a pagar la renta.

Me da miedo porque cuando va al trabajo ella se queda rodeada de mucha gente, así que siempre le digo que use su mascarilla y sus guantes.

Le pido a Dios que me la proteja.”

Gabriel P.

Gabriel toma un breve descanso mientras trabaja de voluntario en la dispensa semanal de alimentos proporcionada por el Multicultural Institute en Richmond, California.

“Espero que el trabajo mejore porque ha sido difícil.

He estado trabajando dos, tal vez tres horas por día. No más. Necesito trabajar más, pero no hay nada más que pueda hacer por el momento.

Tampoco es trabajo estable los que he conseguido últimamente. Nunca sé cuando ni en donde me tocará.

Actualmente estamos atrasados en pagar la renta. Tengo más de un mes y medio que debo. Mi familia y yo hemos ido pagando lo que podemos poco a poco, ya que el trabajo ha sido tan bajo.

Nuestro dueño no ha tratado de echarnos porque creo que está siguiendo las reglas del estado — pusieron pausa a los desalojos por algunos meses.

Lo único que necesitamos es más trabajo, y espero que las cosas vayan mejorandose.

He estado trabajando de voluntario [en el Instituto Multicultural] cuando dispensan comida, y de esa manera también llevo algo para la casa. El gobernador nos dio $500 porque somos indocumentados, pero ese es el único apoyo que hemos recibido.

Llegué acá en el 1997, así que hace más de 20 años que estoy aquí y esta es la primera vez que ha sido tan difícil. Incluso durante la crisis de hace diez años, nunca fue así.

El poco dinero que habíamos ahorrado se agotó muy rápido. Habíamos estado ahorrando para aguantar tal vez un invierno lento o otro evento inesperado, pero solo teníamos suficiente para durar una o dos semanas. Nunca pensamos que sería así durante meses.

No creo que me enfermo si consigo más trabajo, pero nunca se sabe, ya que el virus este no se ve hasta semanas después.

Es triste como han sido las cosas por aquí. Antes, nunca habrías visto a estas filas de gente en las dispensas. Ahí es donde se ve el impacto real del virus. En todas partes la gente pide comida, y es bueno que lo están dispensando.

Pero a la vez, los bills siguen acumulándose.

La única forma de estar seguro es trabajar.”

Maria L.

María se sienta en el patio de la Iglesia de la Natividad en Redwood City, California, por donde ha estado yendo todos los días desde el inicio de la pandemia a rezar por volver al trabajo.

“He estado malo. Muy malo. Me siento como si me entré en shock desde que empezó todo esto.

Me puse realmente mal, emocionalmente hablando, y cuando las cosas empeoraron económicamente, empeoré emocionalmente. Ahora las cosas están muy mal económicamente.

Recuerdo que fui a Costco y las líneas eran horribles y todos llenaban sus canastas como si no hubiera un mañana.

Me comencé a preocupar de que si íbamos a estar encerrados en casa, no podríamos ganar dinero para comprar comida o pagar la renta. Y nuestra familia, desafortunadamente, es indocumentada.

Intentamos, mi esposo y yo, pero no hemos podido conseguir a ninguno de los apoyos o beneficios que están brindando a otras personas.

Trabajo limpiando casas con otra persona y esa persona maneja las relaciones con los clientes. Nuestros clientes la ayudaron a ella a pesar de que ella no iba a trabajar, pero no me dieron nada.

He estado trabajando en esto durante 10 años, y la verdad es que realmente no puedes ahorrar mucho haciendo con este tipo de trabajo.

Pero lo otro es que mi padre murió en enero, cuando todo estaba comenzando, y tuve que gastar la mayoría de nuestros ahorros.

Por supuesto que iría a trabajar, incluso con el virus, porque necesitamos el dinero y porque confío en Dios.

Poco a poco, nada es igual. Ya no podemos comprar tanta comida. Tuve que hablar con mi familia, mi esposo y mis dos hijos que viven con nosotros, cuando todo comenzó esto para decirles que tendríamos que aprender a comer lo que haya. Les dije que no íbamos desperdiciar a nada. Que no íbamos comprar ninguna cosita extra.

Quisiera volver a trabajar mañana, especialmente porque sé que mi compañera de trabajo ha estado limpiando algunas casas. La situación es que ella también necesita el dinero y por eso no me llama a trabajar.

Hubiera sido bueno si los millonarios de aquí, mis clientes son realmente ricos, hubieran tenido un buen corazón y si hubieran compartido al menos un poco con nosotros. Aún si fuera la mínima parte, podrían haber compartido con la gente que están sufriendo.

Me siento tan triste por esta situación que le pido a Dios que todo esto se termine pronto. Rezo a Dios, y le pido trabajo y que proteja a mi familia. Y no solo mi familia, también rezo por todos los demás, porque uno no puede ser egoísta.”